"Trabajo con espíritu y mente"

La historia de William Ovalle

William Ovalle es de esos personajes que a uno le gusta encontrarse en la calle. Le encanta hablar, pero más que decir por decir, le gusta alardear sobre quién es y lo que tiene.

No es un presumido, pero tampoco está decepcionado de ser quién es. Es productor, agricultor, sembrador “y de todo porque nos gustan los animales, la yuca, el mango, el ñame y el maíz”, resalta entre risas. Tiene 67 años y un corazón que late con ganas por su esposa Belinda del Socorro y sus tres hijos. 

Villa Edith es la finca donde vive y en la que se desenvuelve como administrador, agricultor y todas las profesiones que se atribuye y en donde pone en práctica lo que ha aprendido en capacitaciones en pesca, cultivo de mango, tabaco y ajonjolí. 

Don William es amante de los animales. Tiene una ‘pequeña ganadería’ como él lo llama, en la cual tiene bajo su cuidado 10 vacas productoras de leche. “Para la edad que tengo yo, esa es la pensión de nosotros. Tenemos gallinitas y pollos de engorde también, porque usted sabe que uno debe tener los dos componentes”, agrega. 

Es fiel creyente de que la vida no se acaba cuando se está viejo, pues como él dice, “mientras haya corazón fuerte, hay vida para regalar”. Por eso, piensa en su esposa, en sus hijos y en dejarles una gran tradición y herencia pensando en las generaciones futuras. Ha aprendido a tener claridad en lo que sabe y a ponerlo en práctica a pesar de que el clima no le ha ayudado mucho.

“El problema es que la gente se mal acostumbra diciendo que todo es por plata, pero no. Todo es con cumplimiento. Si nosotros queremos algo, debemos poner de nosotros para hacerlo y aprender”, relata con orgullo. En la zona donde vive, ha habido manifestaciones en contra de la Alcaldía local por falta de garantías en cuanto a servicios públicos. Sin embargo, se han construido carreteras y colegios. Él por su parte, con voz firme y sin dudar, pone su fe en el trabajo en equipo y en la colaboración sin esperar nada a cambio. Él prefiere direccionar sus pensamientos hacia un mundo claro en el que puede ayudar y deja que lo ayuden. 

Ser una persona de la tercera edad, no significa ser viejo para él. Don William disfruta trabajando en su finca, da todo de sí y todos los días se levanta a las 4 de la mañana con ganas de salir adelante y poner su empeño y buena actitud en sus cultivos y sus animales, trabajando y ayudando, ‘echándole una mano al necesitado’ y dejando a un lado al que no se deja ayudar ‘porque ajá’. “No me siento cansado, yo creo que mientras tenga espíritu y mente, hay que seguir”, puntualiza.

 

Crecer en Paz